Procesión de Santa Croce in Gerusalemme a Santa Maria Maggiore
7.200 peregrinos de 44 países participan en la peregrinación de la Fraternidad San Pío X a Roma del 19 al 21 de agosto, durante este Año Santo. Entre ellos hay 680 sacerdotes, religiosos y religiosas. Cerca de Roma se estableció una parada de descanso que acogió a más de 700 peregrinos.
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La procesión del martes 20 de agosto condujo a los peregrinos desde Santa Croce in Gerusalemme hasta Santa Maria Maggiore, donde atravesaron la Puerta Santa. A la cabeza de la procesión iba la cruz procesional, portada por Su Excelencia Monseñor Fellay, que presidió la procesión del día, al final de la cual se rezaron las oraciones jubilares.
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Historia de Santa Maria Maggiore
La primacía que asumió desde el principio, y que mantuvo entre las iglesias de la ciudad y del mundo dedicadas a María, fue adquirida por las circunstancias solemnes y prodigiosas de sus orígenes:
Durante el pontificado del Papa Liberio, el patricio romano Juan y su esposa, de igual nobleza, no teniendo hijos a quienes dejar sus bienes, dedicaron su herencia a la Santísima Virgen María, Madre de Dios, implorándole con fervientes y asiduas oraciones que diera señal de algún modo a la obra piadosa para la que preferían que se empleara aquel dinero. La Santísima Virgen María, escuchando graciosamente estas oraciones y deseos que brotaban de su corazón, respondió con un milagro.
Durante el no de agosto (5 de agosto), época del año en que Roma suele experimentar el máximo calor, la nieve cubrió por la noche gran parte de la colina del Esquilino. Aquella misma noche, la Madre de Dios aconsejó en sueños a Juan y a su esposa, por separado, que construyeran una iglesia en el lugar que vieron cubierto de nieve, que sería consagrada bajo el nombre de la Virgen María: así quiso ser nombrada su heredera. Juan informó al Papa Liberio, que afirmó haber tenido la misma visión.
Solemnemente acompañado por los sacerdotes y el pueblo, llegó a la colina nevada y localizó el emplazamiento de la iglesia, que fue construida a expensas de Juan y su esposa. Más tarde, Sixto III la restauró.
Inicialmente recibió varios nombres: Basílica de Liberio, Santa María de la Culla. Sin embargo, como en la ciudad se construyeron numerosas iglesias con el nombre de la Bienaventurada Virgen María, para que la basílica, que superaba a otras del mismo nombre en dignidad y esplendor de su noble origen, se distinguiera también por la excelencia de su título, se la denominó Iglesia de Santa María la Mayor. El solemne aniversario de su dedicación se celebra en recuerdo del milagro de la nieve que cayó aquel día.